Las Xornadas do Folclore de Ourense celebran su XLI edición

El certamen internacional, que cumple 41 años, convierte la provincia en una aldea global cada verano, acercando culturas de casi cien países.

Imagen de un festival de folclore internacional en una plaza de Ourense con grupos de diversos continentes y público.
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Imagen de un festival de folclore internacional en una plaza de Ourense con grupos de diversos continentes y público.

La provincia de Ourense acoge la XLI edición de las Xornadas do Folclore, un evento que se ha convertido en un referente internacional y que acerca culturas de casi cien países.

Las Xornadas do Folclore, nacidas en 1984 con el impulso del grupo Castro Floxo y consolidadas por la Deputación desde 1986, inician hoy su XLI edición. Este certamen se ha convertido en un referente cultural internacional, logrando acercar la provincia de Ourense expresiones identitarias de cerca de cien países.
Más allá de los escenarios y espectáculos en las villas, el certamen destaca por su impacto social. La Universidade Laboral se transforma cada agosto en una aldea global temporal, donde cerca de 200 participantes conviven y comparten experiencias culturales.
El festival, que lleva más de cuatro décadas celebrándose, se originó tras los viajes del grupo Castro Floxo. La Deputación de Ourense creó el festival, afianzándolo por toda la provincia desde 1986 con la intención de ofrecer espectáculos a toda la ciudadanía, según explica Xavier Álvarez, de la organización.
A lo largo de estas cuatro décadas, por las Xornadas ya han pasado alrededor de 100 países distintos, e incluso más si se tienen en cuenta las particularidades culturales de regiones como las antiguas repúblicas soviéticas. El evento muestra bailes, trajes y músicas de casi cada rincón del mundo.
Durante los diez días de espectáculos, la residencia de la Universidade Laboral se convierte en un punto de intensa convivencia e intercambio cultural. La llegada de 200 participantes supone un notable impacto económico y social en el barrio de Mariñamansa, que se anima con la presencia constante de gente en los comercios y bares.
La organización de un festival de estas características implica una compleja labor geopolítica y diplomática. El proceso de selección de grupos comienza con mucha antelación, buscando calidad y diversidad, y a menudo requiere la colaboración con otros festivales para organizar circuitos que ayuden económicamente a los desplazamientos.
Las tensiones geopolíticas y las políticas de visados suponen trabas significativas. Grupos rusos, por ejemplo, ya no participan desde hace cuatro años debido a vetos. También hay dificultades con los visados para grupos africanos, como el caso de un grupo de Kenia que no pudo venir este año, siendo sustituido por uno de Senegal. La mediación de organizaciones como el CIOFF (dependiente de la Unesco) ayuda, pero las directrices estatales y europeas son determinantes.
La capacidad del festival para capear imprevistos también se puso a prueba. En la edición pasada, los incendios forestales que azotaron Ourense obligaron a organizar actividades internas, como talleres donde los grupos compartían su folclore, convirtiendo la crisis en una oportunidad de enriquecimiento mutuo.
La XLI edición presenta una variada propuesta con seis grupos de cuatro continentes (Europa, Asia, África y América). Cada formación realiza dos pases, ofreciendo un espectáculo de una hora y media. Un atractivo es que los grupos actúan como embajadores culturales, presentando diversas expresiones de su país en una sola actuación.
Con la organización terminada, las villas de Ourense se preparan para celebrar la diversidad cultural. Para Xavier Álvarez y su equipo, el trabajo no descansa, y en cuanto finalice la edición, comenzará la planificación para traer el mundo a Ourense el próximo agosto.