La investigación sobre el club 'El Descanso', ubicado en Coles, ha dado un paso significativo con la declaración de ocho testigos protegidas. Según fuentes consultadas, estas mujeres expresaron temor por su seguridad personal. La mayoría de las víctimas fueron captadas en Brasil, respondiendo al perfil de mujeres jóvenes y vulnerables en su país de origen, donde, según sus testimonios, opera una red de captación con epicentro en Goiânia.
El relato de las víctimas brasileñas detalla una ruta internacional que atraviesa tres países hasta llegar al prostíbulo. Tras salir del aeropuerto de São Paulo con destino a Portugal, fueron trasladadas a Ourense. El coste del billete debía ser asumido por ellas, o adelantado por la presunta red, contrayendo así una deuda.
La relevancia de Brasil en la trama quedó patente en el nombre de la operación policial, 'Calamardo Amatista', una alusión al país sudamericano, reconocido como el mayor productor mundial de esta gema.
Una vez en Ourense, las testigos protegidas explicaron que eran empadronadas en las viviendas de los responsables del club. Algunas sabían que venían a trabajar en un club, mientras que otras desconocían la naturaleza de su destino.
Las víctimas describieron jornadas laborales extenuantes, trabajando de seis de la tarde a tres de la mañana entre semana, y hasta las cinco de la mañana los fines de semana y festivos, con un único día de descanso semanal. El servicio tenía un coste de 60 euros por media hora y 120 euros por una hora, quedándose la 'madame' con entre 10 y 15 euros. Además, indicaron que trabajaban incluso durante el período menstrual.
A los ingresos del servicio se sumaba el 50% de cada copa consumida por los clientes, cuyo precio era de 30 euros. Estiman que sus ingresos mensuales oscilaban entre los 3.000 y 4.000 euros, parte de los cuales enviaban a sus familiares.
Las testigos denunciaron condiciones higiénicas deplorables, sin agua caliente ni calefacción, y la presencia de suciedad, moho y roedores. La 'madame' solía preparar la comida, aunque las condiciones de la cocina también eran precarias, con techos caídos.
La retención de las mujeres no se basaba en la violencia física, sino en presiones psicológicas. Aunque podían salir a comprar, siempre se quedaba una de ellas dentro al no tener llaves. Intentaban coaccionarlas argumentando que no tendrían mejor lugar donde estar sin documentación, lo que provocaba una alta rotación de personal.
En el club también se vendía cocaína, aunque las testigos no estaban obligadas a participar en la venta ni a consumir, si bien se les recomendaba para facilitar el trabajo.
La Brigada de Extranjería de la Comisaría de Ourense realizó la redada a principios de marzo, incautando sustancias estupefacientes, útiles para su pesaje y diversa documentación. Atribuyen al presunto grupo criminal el uso reiterado de ciudadanos extranjeros sin permisos de trabajo.
En la redada se detuvieron a cuatro personas, dos hombres y dos mujeres. Una de ellas, la encargada del prostíbulo, permanece en prisión provisional. La causa, seguida por la Sección de Violencia sobre la Mujer del Tribunal de Instancia de Ourense, se dirige contra ellos por un delito de prostitución de persona mayor de edad, sin descartar otras imputaciones.




