Tras el descenso que puso fin a trece años en la élite, el club compostelano ha vivido una temporada marcada por la necesidad de regresar a la máxima categoría. Cada entrenamiento y cada partido han estado enfocados en ese objetivo, ya que el Obradoiro no estaba concebido para permanecer en la Primera FEB.
La campaña 2025-2026 comenzó con heridas abiertas, y la primera temporada en Primera FEB no ayudó a cicatrizarlas. La presión era palpable en la grada y en los despachos, en una ciudad que todavía no asimilaba la pérdida de una de sus grandes señas deportivas. El club confió el proyecto a un entrenador experimentado en categorías donde la supervivencia es clave, construyendo un equipo preparado para gestionar la expectativa de que solo la victoria sería suficiente.
A pesar de las dificultades iniciales y las derrotas que generaron dudas, el Obradoiro supo adaptarse. Aprendió a ganar sufriendo y a defender con intensidad, entendiendo que el ascenso no siempre es para el más brillante, sino para el que mejor soporta el desgaste. A partir de abril, el equipo encadenó victorias y recuperó la confianza, culminando con una declaración de fuerza en el derbi de A Coruña. Esa victoria transformó la obligación del ascenso en un objetivo tangible y real.
Desde entonces, el Multiusos Fontes do Sar volvió a vibrar, con la afición recuperando su rugido y la ciudad mirando de nuevo al pabellón como un lugar donde aún pueden ocurrir grandes cosas. El equipo ha respondido con oficio, nervio y resistencia, demostrando que ha entendido lo que está en juego. Ahora, solo queda una noche, cuarenta minutos que pueden devolver al club al lugar del que nunca quiso marcharse.




