La playa de Tanxil, en el municipio coruñés de Rianxo, recuperará en breve uno de sus símbolos más reconocibles. La escultura en piedra de la Virgen de Guadalupe, creada por el reconocido artista cambadés Francisco Asorey en 1932, volverá a su emplazamiento original en la costa después de casi dos décadas de ausencia.
La pieza fue retirada en 2005 por motivos de seguridad, siguiendo las indicaciones de la familia de Ángel Baltar, quien encargara la obra. Los desprendimientos en los acantilados de la playa de Tanxil hicieron necesaria su retirada, pero su retorno se ha retrasado hasta ahora. La restauración, impulsada por el Concello de Rianxo tras un acuerdo con la familia Baltar, está prácticamente finalizada.
El conservador y restaurador Gonzalo Buceta Brunetti ha sido el responsable de devolverle su esplendor a la escultura. Los trabajos, que comenzaron en marzo de este año tras la llegada de la pieza a su taller el año pasado, ya han concluido. Buceta explicó que la escultura, compuesta por dos partes, ya está lista para ser montada en el mirador de la playa de Tanxil.
El estado de la Virgen de Guadalupe era "francamente mejorable" debido a su prolongada exposición a la intemperie y a que "estuvo mucho tiempo depositado en una leira". Los análisis previos revelaron la presencia de sales, depósitos biológicos, líquenes, musgos y algas, que requirieron una limpieza cuidadosa para respetar la pátina original de la pieza.
Para la limpieza se emplearon materiales suaves como "cepillos de seda natural o palos de naranjo", según señaló el restaurador. El proceso también incluyó la reintegración cromática de los elementos cerámicos de la corona de la virgen, elaborados en Cerámica Celta Gallega, y un tratamiento biocida para prevenir la proliferación de microorganismos.
“"La restauración de la pieza está completa, pero, como la pieza de Francisco Asorey es de dos partes, pues falta montarla."
La obra, que pesa casi 3.000 kilos, destaca por la genialidad de Asorey, especialmente visible en el rostro de la virgen, que Buceta describe como "una cara hermosísima". El artista empleó una técnica de drapeado con gradina para el manto y ajustó las proporciones de la imagen pensando en su visualización desde abajo.
“"Todo el mundo se emocionaba mucho al verla, y la cara sobre todo. Todo el mundo se emociona al ver la cara, es hermosísima"
La escultura tiene una gran importancia para los vecinos de Rianxo, que le profesan una profunda devoción. Durante los trabajos de restauración, muchas personas se acercaban a la pieza para rezar, dejar donativos o flores, demostrando el fuerte vínculo con la Virgen de Guadalupe.




