Un oficial se jubila en Lugo tras 49 años

Tras casi cinco décadas en el mismo despacho de abogados, Jesús Núñez se despide con una mezcla de alivio y nostalgia.

Primer plano de una máquina de escribir antigua sobre un escritorio de madera, con documentos legales y fachada de granito desenfocados al fondo.
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Primer plano de una máquina de escribir antigua sobre un escritorio de madera, con documentos legales y fachada de granito desenfocados al fondo.

Tras casi medio siglo de trabajo ininterrumpido en el mismo despacho de abogados de la ciudad, Jesús Núñez se despide de su vida profesional con una mezcla de alivio y nostalgia.

A los 16 años, Jesús Núñez comenzó su andadura profesional en un pequeño despacho de abogados en Lugo, trabajando para José Manuel Núñez-Torrón. Lo que empezó en una vivienda familiar se trasladó con el tiempo a un local en la emblemática Ronda da Muralla, entonces conocida como Ronda de los Caídos. Durante quince años, su mesa estuvo situada dentro del despacho de su jefe, donde los clientes hablaban abiertamente, generando una confianza que Núñez siempre supo cultivar.
Con el paso de los años, Jesús no solo se convirtió en una pieza clave del bufete, sino también en una figura casi familiar para los hijos de su jefe: José Manuel, Francisco Javier y Óscar Núñez-Torrón. Mientras ellos estudiaban, él se encargaba de abrirles la puerta si olvidaban las llaves. Hoy, los tres son abogados y continúan trabajando con él, a quien consideran casi de la familia, ya que su edad es muy cercana a la de ellos.
La conexión con el bufete se extiende a la siguiente generación. María, la nieta del fundador, también forma parte del equipo. Jesús recuerda con cariño llevarla a la guardería cuando sus padres no podían. Su puntualidad es legendaria; Óscar Núñez-Torrón y María señalan que suele llegar "a menos cuarto" y que solo faltó una semana en cuatro décadas, cuando se rompió una pierna jugando al fútbol.
Su trayectoria comenzó con una rutina exigente. Natural de Robra (Outeiro), durante dos años se desplazó en autobús a Lugo, regresando a comer a casa para volver a la ciudad por la tarde. A los 18 años obtuvo el carné de conducir y se compró un Renault 5 (LU-0356-F), una ilusión que aún recuerda con detalle, acompañado en la compra por Óscar y su padre.
Tras casarse hace cuarenta años, compró un piso en Lugo, cerca del bufete, abandonando su residencia en Robra. Curiosamente, su carrera profesional pudo ser muy diferente; de no ser abogado, se habría empleado en una empresa láctea, siguiendo los pasos de su padre y hermano en Larsa.
Los primeros casos que manejó el bufete trataban sobre disputas de fincas, como servidumbres o lindes, un tipo de litigio que ahora es menos común. Jesús recuerda la complejidad de copiar a mano descripciones de propiedades, algunas con sesenta fincas. También evoca la pobreza de la época, con repartos de herencias que incluían desde arados hasta un montón de estiércol.
La jubilación aporta un alivio deseado, aunque le pesará dejar atrás a los Núñez-Torrón, quienes siempre lo trataron "con mucho cariño" y respeto. Afronta el futuro con cierta inquietud ante el "fin de semana permanente", pero tiene planes: caminar, cultivar su huerta en Bendia (Castro de Rei) y seguir el fútbol, confesando ser del Madrid.