El Centro de Educación Especial de A Barcia, en Santiago de Compostela, atiende actualmente a unos 60 niños y niñas con discapacidades severas que pueden permanecer allí hasta los 21 años. Al cumplir esta edad, muchos de estos jóvenes, totalmente dependientes, se enfrentan a un futuro incierto ante la ausencia de centros residenciales públicos en la ciudad.
La vicepresidenta de la ANPA del centro, Inés Castro Suárez-Pumariaga, describe esta situación como una "nube oscura" para las familias. "Llegan a los 21 años y se termina. Entonces, ellos ya no pueden ir al colegio, y la pregunta es, ¿y qué pasa ahora?", lamenta, subrayando la falta de recursos inmediatos tras finalizar la atención escolar.
“"Vemos que cuando cumplen 21 años, estos niños quedan abandonados"
Las listas de espera para centros residenciales especializados pueden prolongarse entre 5 y 7 años en Santiago. La alternativa de residencias privadas especializadas es inasumible para la mayoría de las familias, mientras que las residencias geriátricas no están preparadas para atender sus necesidades específicas.
La preocupación se agrava con el envejecimiento de los padres, que ven disminuida su capacidad para ofrecer cuidados constantes. A esto se suma la reciente situación en el CEE de A Barcia, donde 12 alumnos tuvieron que ser enviados a casa por bajas de enfermeras, evidenciando la falta de personal especializado.
“"Es una discriminación muy grande hacia un colectivo que ya de por sí es discriminado"
Las familias reclaman a las administraciones soluciones urgentes tanto para la falta de personal como para la carencia de plazas residenciales y de día, defendiendo el derecho de sus hijos a una educación y a un futuro digno como ciudadanos de pleno derecho.




