Este espacio religioso, vinculado históricamente al Camino Norte de Santiago, ocultó durante décadas bajo capas de cal un programa iconográfico que narra la relación de la sociedad gallega con el mar, la muerte y la esperanza. Las escenas, que incluyen representaciones bíblicas y exvotos, funcionan como un testimonio visual de la mentalidad de la época.
La singularidad de las pinturas reside en su naturaleza popular. Lejos de ser obras destinadas a élites, los frescos reflejan la vida cotidiana, los peligros de la navegación y la devoción de una comunidad que buscaba protección divina ante un océano imprevisible. Los barcos y las escenas de tormentas representadas son, según los expertos, documentos históricos de gran valor.
Para garantizar su preservación, la Xunta de Galicia realizó recientemente actuaciones de restauración con una inversión superior a los 180.000 euros. Estos trabajos se centraron en la mejora de la cubierta, la renovación de las carpinterías y la protección de los murales frente a la humedad, principal amenaza para este patrimonio.




