Lo que comenzó como un juego infantil, imitando a los adultos, se ha transformado en uno de los eventos más significativos de la Semana Santa de Viveiro. Cada año, casi 300 pequeños, ataviados con rigurosos hábitos, recorren las calles de la ciudad del Landro en la conocida Semana Santa de los Niños. Esta iniciativa no solo recrea las procesiones principales, sino que también asegura la continuidad de la Xunta de Cofradías.
“"Los niños están emocionadísimos, porque son los verdaderos protagonistas."
María San Isidro, miembro de la Asociación Semana Santa de los Niños, entidad organizadora, destaca la ilusión de los participantes. Para ellos, es un momento único “después de toda la Semana Santa grande, que ellos ya sean verdaderos protagonistas”.
Esta particular celebración cuenta con más de medio siglo de historia. Aunque sus inicios fueron más improvisados, fue en la década de los 90 cuando los vecinos de Campo de Urraca decidieron impulsar la iniciativa para crear “una Semana Santa más parecida a la de adultos, con réplicas para los niños”.
El realismo de estas procesiones es notable, con una estética “muy parecida a la de los mayores”. Los niños visten hábitos, como los de los franciscanos, y las niñas lucen mantillas “totalmente de luto riguroso”, aunque también hay alguna “de color blanco para la resurrección”, explica San Isidro. Cada detalle, desde los acólitos hasta los atributos que portan, está cuidadosamente preparado.
Esta pasión infantil es el motor que alimenta la Semana Santa de Viveiro, declarada de Interés Turístico Internacional, y justifica el elevado número de cofrades en la ciudad. La tradición está garantizada, ya que los niños llevan la Semana Santa en la sangre.




