Un año del apagón en A Coruña: comercios recuerdan la solidaridad y el ingenio ciudadano

Los establecimientos de la ciudad rememoran el día del corte de luz, destacando la respuesta colectiva y la adaptación de los vecinos.

Imagen de una calle concurrida en una ciudad gallega al anochecer, con luces cálidas y gente caminando.
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Imagen de una calle concurrida en una ciudad gallega al anochecer, con luces cálidas y gente caminando.

Un año después del apagón eléctrico que dejó a A Coruña sin luz, los comerciantes de la ciudad recuerdan la jornada como un momento de tensión, improvisación y una notable respuesta colectiva.

El corte de suministro transformó la vida cotidiana en la ciudad, afectando semáforos, comunicaciones telefónicas y persianas eléctricas. A pesar de los desafíos, la comunidad demostró una gran capacidad de adaptación y ayuda mutua.
En la zona de Cuatro Caminos, la responsable de una tienda de comida casera recuerda una avalancha de clientes. Sin electricidad, la prioridad fue atender a las personas, sin importar si podían pagar de inmediato. El equipo cocinó todo lo disponible para evitar pérdidas y asegurar que nadie se quedara sin alimento, especialmente personas mayores o con movilidad reducida.

"Lo de cobrar o no cobrar me daba igual. No quería dejar a nadie sin comer."

la dirección de la tienda de comida casera
Una situación similar se vivió en las tiendas de electrónica. En un establecimiento, su responsable describió la jornada como un «Black Friday» improvisado, con largas colas de gente buscando pilas, linternas y radios. El stock se agotó rápidamente, pero la demanda fue atendida con respeto y paciencia por parte de los clientes.
Muchos jóvenes descubrieron por primera vez el funcionamiento de una radio, ya que estaban acostumbrados a dispositivos táctiles. Las ventas se realizaron «a la vieja usanza», con pagos en efectivo, y muchos clientes regresaron después para saldar sus deudas o agradecer la ayuda recibida.

"Tuve que enseñarles a sintonizar la radio. Me decían: '¿Pero cómo qué con botones? Que chulada'."

el responsable de la tienda de electrónica
En otros comercios, como un establecimiento de suministros, la actividad también se disparó. La demanda se centró en artículos esenciales como radios, linternas y pilas. La tienda permaneció abierta hasta tarde, operando únicamente con efectivo, y los clientes se ayudaban mutuamente si alguien no tenía dinero. Las colas alcanzaron casi cien metros, y las ventas superaron las de un día de Reyes.
Un año después, el apagón sigue siendo un recordatorio de la capacidad de la ciudad para adaptarse y funcionar sin tecnología, apoyándose en la coordinación, el esfuerzo y una sólida red de ayuda comunitaria.