Lo que en el siglo XVI era un asentamiento extramuros de la Ciudad Vieja, hoy es el corazón neurálgico y comercial de A Coruña. Este espacio de contrastes, con sus calles estrechas, combina la actividad de los pubs con el diseño moderno, pero también presenta desafíos para sus habitantes, que conviven con una zona que parece no dormir nunca.
La vida en el Orzán cambia radicalmente con la puesta del sol. Durante el día, predomina la tranquilidad, el comercio y la vida cotidiana. Sin embargo, por la noche, el ambiente se intensifica, especialmente en las zonas cercanas al Orzán y San Andrés, convirtiéndose en un foco de atracción para toda la comarca durante los fines de semana.
“"Es tranquilo y está muy bien, pero hay bastante ruido por las noches. Mi edificio es todo gente joven, pero vivo justo arriba de una zona de bares y hay un ruido criminal."
Uno de los puntos de mayor consenso entre los vecinos es la necesidad de mejorar la limpieza de las calles. La acumulación de residuos, en gran parte debido a la alta concentración de locales de hostelería, es una preocupación diaria. Mientras algunos, como Ana Roura, lamentan que la plaza donde vive esté siempre "asquerosa" por la constante salida de basura de los bares, otros, como Lucas Corde, tienen una visión más positiva sobre la frecuencia de los servicios municipales, afirmando que "limpian todas las mañanas".
A pesar de los desafíos, la ubicación céntrica del barrio es un gran valor. Los residentes destacan la proximidad a servicios básicos como supermercados, bibliotecas y centros de salud, lo que permite una vida sin depender del vehículo privado. La vitalidad comercial también es un punto fuerte, con tiendas, peluquerías y floristerías que enriquecen las calles. No obstante, el aparcamiento sigue siendo un problema "imposible".
La transformación del Orzán en una zona de "alto presupuesto" también ha influido en el perfil de sus habitantes. El alquiler es "muy caro", y aunque predominan los residentes mayores, la llegada de gente joven de paso aporta vitalidad. Los vecinos miran al futuro con deseo de mejoras, como la reforma de edificios en ruinas y la revitalización de calles como San Andrés, mientras el barrio sigue evolucionando, manteniendo su esencia como corazón vivo de la ciudad.




