Los conciertos, prioridad del ocio juvenil gallego

La música en directo se consolida como una experiencia social y de identidad para los jóvenes, a pesar del aumento de los precios.

Imagen genérica de un recinto de conciertos vacío con luces de escenario.
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Imagen genérica de un recinto de conciertos vacío con luces de escenario.

Los conciertos y festivales de música en Galicia se convierten en una prioridad de ocio para la juventud, que valora la experiencia social y la construcción de identidad, aunque los precios suponen un desafío económico.

La música en directo se afianza como una de las actividades de ocio más valoradas por la juventud en Galicia, ganando peso en sus prioridades económicas y sociales. La temporada estival llena la comunidad de escenarios y colas virtuales para conseguir entradas, con festivales como O Son do Camiño, BigSound, Costa Feira o PortAmérica consolidando una oferta musical en crecimiento.
Datos del Anuario de Estadísticas Culturales del Ministerio de Cultura confirman esta tendencia a nivel estatal, donde más del 32% de la población asistió a conciertos de música actual en 2024, generando una recaudación de 719 millones de euros. En Galicia se celebraron 4.540 eventos musicales de este tipo. La asistencia es especialmente alta entre los más jóvenes: el 54,1% de las personas de 20 a 24 años acudió a conciertos en 2025, y el 46,9% de los de 25 a 34 años.
La directora de comunicación de la Asociación de Promotores Musicales (APM), Carol Rodríguez, señala que la música en vivo es una prioridad para la Generación Z. El Observatorio de Música en Vivo de Ticketmaster corrobora que el segmento de 25 a 34 años representa el 22% del público y es uno de los que más crece, con una satisfacción media de 8,7 sobre 10.
El sociólogo José Durán, de la Universidade de Vigo, explica este fenómeno por la necesidad de relaciones con los iguales y la búsqueda de reconocimiento social. Los conciertos funcionan como "espacios de pertenencia" donde la integración social y la identidad son fundamentales. Algunos jóvenes llegan a hacer sacrificios económicos significativos, como dejar de comer o pedir ayudas, para poder asistir.
Muchos recurren a ahorros o al Bono Cultural Joven, que aporta 400 euros para consumo cultural, de los cuales 200 pueden destinarse a música en directo. Los gastos no se limitan a la entrada, ya que desplazamientos, alojamiento y dietas incrementan el coste, pudiendo superar los 500 euros para asistir a festivales fuera de la comunidad.
La influencia de la música en vivo también se refleja en la organización de viajes por Europa centrados en giras internacionales. Carol Rodríguez destaca el impacto cultural, social y económico de este sector, donde los jóvenes priorizan "experiencias en vivo frente a otros bienes de consumo". El móvil es la principal vía de compra (73%) y las redes sociales, el medio para descubrir conciertos, impulsando compras inmediatas y el pago a plazos.
Las ventas directas desde redes sociales se han multiplicado por siete en un año, aumentando el "FOMO" (miedo a perderse algo). La publicidad digital conecta con la necesidad de participación e integración social de los jóvenes. El género urbano y los ritmos latinos se consolidan, aunque muchos asistentes priorizan la experiencia compartida con los amigos sobre el cartel específico.
No obstante, el entusiasmo choca con la subida de precios. Aunque algunos están dispuestos a gastar hasta 100 euros, las críticas son frecuentes por la "exageración" en los precios y los gastos de gestión. La entrada para artistas internacionales, que antes costaba unos 40 euros, puede llegar ahora a los 167 euros. A pesar del encarecimiento, la música sigue ganando la partida a la cartera juvenil.
La preparación de un "look" específico para asistir a conciertos y festivales es una tendencia en aumento, convirtiendo el evento en una experiencia más inmersiva y contribuyendo a la creación de buenos recuerdos.