Lobos ibéricos reducen movimientos en zonas humanizadas de Galicia, según estudio

Una investigación revela que la presencia humana y las infraestructuras limitan significativamente los desplazamientos de estos grandes carnívoros.

Imagen genérica de un lobo ibérico en un paisaje humanizado.
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Imagen genérica de un lobo ibérico en un paisaje humanizado.

Una investigación reciente, liderada por la Estación Biológica de Doñana y la Universidad de A Coruña, demuestra que los lobos ibéricos en Galicia disminuyen notablemente sus movimientos en paisajes con alta presencia humana e infraestructuras.

El estudio, publicado en la revista científica Behavioural Ecology, ofrece una perspectiva detallada sobre cómo los grandes carnívoros adaptan su comportamiento en entornos modificados por la actividad humana. En el trabajo también han participado investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales y del Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad.
Tradicionalmente, el lobo ha sido considerado un depredador con gran capacidad de movimiento, capaz de recorrer largas distancias en busca de alimento. Sin embargo, los resultados de esta investigación indican que su movilidad se reduce de forma significativa cuando hay actividad humana.

"Nuestros datos apuntan a que los lobos adoptan una estrategia de minimización del riesgo en entornos humanizados, reduciendo sus desplazamientos para evitar la exposición a la actividad humana."

el primer autor del estudio
El equipo analizó los movimientos diarios de 26 lobos en Galicia, una de las zonas más humanizadas dentro de su área de distribución. Los datos revelan que la perturbación humana, especialmente la densidad de población, los asentamientos y las carreteras, es el principal factor que limita sus desplazamientos.
En estos ambientes, los lobos recorren una media de 9 kilómetros al día, con desplazamientos netos de apenas 3,8 kilómetros desde su punto de partida. Estas cifras son claramente inferiores a las registradas en áreas más naturales. El estudio también destaca que la vegetación puede actuar como refugio, amortiguando en parte el efecto de la presencia humana. Además, influyen otros factores como la disponibilidad de presas: los lobos que se alimentan principalmente de ganado doméstico se mueven menos que aquellos que dependen de presas salvajes.
Los investigadores subrayan la importancia no solo de la cantidad de vegetación, sino también de su disposición en el paisaje, ya que esta estructura puede facilitar o dificultar la movilidad del lobo y la conexión entre poblaciones, clave para mantener la diversidad genética. El trabajo plantea la cuestión de si esta reducción del movimiento es una adaptación real o una respuesta conductual con posibles costes a largo plazo, como menor supervivencia o éxito reproductivo.