Lo que comenzó como un simple rumor sobre el posible cierre del entonces Hospital Militar en la década de los 80, se transformó en una prolongada batalla. Esta lucha, que trascendió las fronteras de la ciudad, fue impulsada por cuatro trabajadoras que invirtieron “tiempo y dinero” para asegurar que A Coruña mantuviera un hospital considerado esencial para la comunidad. Estas mujeres, dos enfermeras y dos auxiliares, fueron figuras clave en la conservación del centro hospitalario más antiguo de la ciudad, cuyo origen se remonta a 1626.
“"Nadie en esta ciudad sabe realmente lo que pasó."
Una de las auxiliares recuerda con claridad el inicio de los rumores: “Fue un 6 de enero, día de la Pascua Militar. Un médico nos contó que el capitán general había dicho que el hospital se cerraba”. Las cuatro, que acababan de incorporarse al comité, actuaron de inmediato, solicitando una reunión con el director general de personal del Ministerio de Defensa. A pesar de que les concedieron solo media hora, la reunión se extendió durante cinco horas, en las que una de las enfermeras afirmó con rotundidad que el hospital no se cerraría.
El argumento principal para el cierre era la construcción de un nuevo hospital militar en Ferrol. Sin embargo, las trabajadoras insistieron en que su reivindicación no era por motivos laborales, ya que todos los empleados serían reubicados. Su defensa se centraba en la necesidad de mantener el hospital como un servicio público, dada la falta de camas en la ciudad. La lucha, inicialmente discreta, implicó el envío de cartas, telegramas y numerosas reuniones con alcaldes de Galicia y diputados en Madrid, llegando incluso a escribir a la Reina Sofía.
Las movilizaciones comenzaron con concentraciones diarias y escalaron hasta incluir caravanas de coches, protestas con antorchas y una cadena humana. El apoyo ciudadano fue masivo, llegando a reunir a 25.000 personas en la Plaza de María Pita. Entre los apoyos recibidos, destacaron el del entonces secretario general de la Consellería de Sanidad, que las recibió en su casa en Santiago, y el del exalcalde de A Coruña, quien las mantuvo informadas y les permitió un encierro en el Ayuntamiento.
Uno de los momentos más tensos fue durante el encierro en la Catedral de Santiago en julio de 1995, coincidiendo con la cumbre hispano-alemana. Esta acción, que buscaba presionar al entonces presidente de la Xunta, resultó en una reunión clave. Las mujeres pasaron 27 días encerradas en el Ayuntamiento de A Coruña, recibiendo el apoyo de compañeros, familiares y de la sociedad coruñesa, que les proporcionaba comida y ayuda. Finalmente, su perseverancia tuvo fruto: Defensa abandonó el hospital en 1995 y la Xunta lo adquirió en 1996. Todas ellas regresaron al Abente y Lago, el hospital que defendieron con tanta pasión.




