Las críticas de la izquierda por el reciente nombramiento de Eva López Tarrío como directora del Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC) revelan un malestar más profundo. Sectores nacionalistas consideran que este movimiento forma parte de un intento por controlar las instituciones culturales de Galicia, un objetivo que ya habrían alcanzado en otros organismos como el Consello da Cultura Galega (CCG) y la Real Academia Galega (RAG).
A pesar del extenso currículo y solvencia de López Tarrío en el mundo del arte, su elección ha sido descalificada por el PSOE, BNG y Sumar. Argumentan que la designación libre por la Xunta no garantiza la transparencia ni la idoneidad de la gestión, e incluso solicitan la reversión del nombramiento. Desde la Consellería de Cultura, Lengua y Juventud señalan que el debate no es puramente técnico, sino una "disputa por la influencia cultural y simbólica en Galicia" con el objetivo de "ejercer un papel relevante en la definición de las políticas culturales".
Este conflicto pone de manifiesto la "existencia de redes profesionales, grupos de influencia y espacios de poder vinculados al sistema del arte contemporáneo", tanto en Galicia como en el conjunto de España. La oposición traslada esta misma estrategia a las políticas lingüísticas, calificando de "boicot" sus reacciones al "pacto por la lengua" ofrecido por la Xunta, al considerarlo insuficiente. Esta confrontación política y cultural "contribuye a crear un clima en el que cualquier decisión institucional relevante tiende a ser interpretada desde claves partidarias o ideológicas".
En cuanto a la libre designación, la oposición defiende que los concursos públicos son el único mecanismo legítimo para seleccionar directores de museos y centros de arte. Aunque reconocen que estos procesos garantizan "transparencia y concurrencia", no son "una garantía automática de buena gestión ni de éxito institucional", como demuestran algunas "dificultades detectadas en los últimos años en el CGAC". La Xunta, por su parte, defiende la libre designación como una fórmula legal prevista para puestos de especial responsabilidad, que permite "una mayor coherencia entre los proyectos impulsados por la institución titular y la acción de la dirección ejecutiva del centro".
Más allá de la polémica, el "verdadero desafío" para el CGAC en la próxima década pasa por afrontar retos como la ampliación de públicos, la internacionalización, la innovación digital y la colaboración con el tejido artístico gallego. El éxito dependerá de "construir un proyecto cultural sólido, ambicioso y conectado con la sociedad", reforzando así "una de las instituciones culturales más importantes de Galicia".




