Tras meses de pruebas y rotaciones constantes, el equipo coruñés parece haber encontrado una estructura sólida. La necesidad de adaptarse a diversas circunstancias, incluidas las lesiones, ha permitido la irrupción de nuevos perfiles que han equilibrado el juego ofensivo y defensivo del conjunto blanquiazul.
La consolidación de ciertas piezas clave en el ataque y en la retaguardia ha permitido que el sistema sea más orgánico. La llegada de nuevos efectivos para la punta de ataque ha resuelto carencias detectadas durante la temporada, aportando continuidad y capacidad anotadora al bloque dirigido por el técnico.
Sin embargo, la alineación titular aún presenta dos incógnitas principales. En el centro del campo, la competencia por la manija del juego se mantiene viva, mientras que en la línea defensiva las rotaciones siguen siendo la tónica habitual para acompañar a los jugadores más asentados en la zaga.




