Hay palabras que nacen para describir la realidad y otras que terminan utilizándose para suavizarla. El término "andanzas", asociado tradicionalmente a viajes, peripecias y aventuras, está siendo empleado en la esfera política de un modo que desvirtúa su significado original. La política, con su capacidad para reinventar el diccionario, transforma "maniobras" en "andanzas", buscando reducir la capacidad de indignación que generan ciertas conductas.
Esta elección léxica no es inocente. Cuando una conducta resulta difícil de defender, la estrategia suele ser la de cambiarle el nombre. La política contemporánea se convierte así en una "fábrica de eufemismos", donde las mentiras son "cambios de criterio", los privilegios "singularidades" y las cesiones "espacios de diálogo". La "ignorancia fingida", como la descrita en la escena de "Casablanca" donde el capitán Renault "descubre" que se juega en su local, es una de las variedades más refinadas de la mentira política.
El artículo señala que el verdadero interés no reside en la coartada verbal, sino en la distancia entre la palabra y los hechos. Mientras que las "andanzas" de Graham Greene por España y Portugal describen viajes y anécdotas, el término se emplea ahora para referirse a actividades orientadas a recopilar información sobre jueces, fiscales o periodistas, actuar como intermediaria de intereses políticos o reunirse con responsables públicos al margen de los cauces institucionales.
La corrupción, aunque importante, puede ser secundaria frente a un problema más profundo: la utilización de recursos e influencia para actuar sobre las instituciones que deben controlar el poder. "Colonizar las instituciones" es la condición previa para corromperlas. El debate, por lo tanto, no debería centrarse únicamente en las "andanzas" de personajes concretos, sino en el "ecosistema" que las hace posibles, las ampara o las tolera.
El artículo concluye que, aunque el Gobierno y el partido que lo sostiene tienen derecho a negar responsabilidades, no pueden sustituir las explicaciones por eufemismos. Las palabras pueden maquillar los hechos, pero no los transforman. Una trama sigue siendo una trama, y una presión no se convierte en anécdota. Las sociedades libres necesitan palabras precisas para que los hechos no diluyan la responsabilidad de sus autores.




