A Coruña recibe a más de 8.600 cruceristas en una jornada de triple escala

La ciudad herculina se consolida como referente en la costa cántabro-atlántica con la llegada de tres grandes buques de pasajeros.

Imagen de un crucero atracado en el puerto de A Coruña con pasajeros desembarcando.
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Imagen de un crucero atracado en el puerto de A Coruña con pasajeros desembarcando.

La ciudad de A Coruña experimentó hoy una jornada de gran afluencia turística con la llegada de más de 8.600 cruceristas en tres buques, marcando la primera triple escala del año.

Este evento subraya la posición de A Coruña como un destino clave en la cornisa cántabro-atlántica, generando un impacto económico significativo que supera los 40 millones de euros anuales en la ciudad y su área metropolitana. Los visitantes, muchos de ellos internacionales, expresaron su asombro por la belleza de la ciudad y su arquitectura modernista, aprovechando para realizar tours por puntos emblemáticos como la Torre de Hércules y el Monte de San Pedro.
La gestión del desembarco implicó un operativo especial para trasladar a los 6.600 cruceristas que optaron por desplazarse en autobús hasta la Plaza de Ourense o dirigirse directamente a la Marina. Mientras tanto, la ciudad también afrontó otras incidencias, como una manifestación de trabajadores del comercio que provocó cortes de tráfico y el avistamiento de jabalíes en la Tercera Ronda.
En el ámbito meteorológico, la jornada estuvo marcada por una situación anticiclónica, con temperaturas agradables que oscilaron entre los 15 y los 17 grados. Las previsiones para el fin de semana apuntan a la continuidad del buen tiempo, con cielos despejados y nubes altas por la tarde, aunque no se descarta la presencia de niebla costera que podría atenuar las temperaturas, que se esperan superiores a los 20 grados el domingo.
Además, la huelga indefinida de controladores aéreos en el aeropuerto de Alvedro causó el desvío de un vuelo y la cancelación de la salida a Madrid, afectando a la operatividad a pesar de los servicios mínimos. Los controladores denuncian la falta de personal y el deterioro de las condiciones laborales, advirtiendo de posibles problemas de seguridad.