El pasado martes de abril, la ciudad herculina fue testigo de las primeras lluvias significativas de la primavera. Una fuerte tormenta descargó con intensidad durante el mediodía, obligando a los ciudadanos a hacer uso de los paraguas. Este episodio de precipitaciones marcó el inicio de una jornada de contrastes climáticos.
Sin embargo, la tarde del mismo día ofreció una imagen completamente diferente. El cielo de A Coruña se tiñó de tonos rojizos y anaranjados, regalando un atardecer de película que transformó el paisaje urbano y dejó una estampa memorable para sus habitantes y visitantes.
La metamorfosis climática continuó en la mañana del miércoles. Una espesa capa de niebla cubrió la ciudad, difuminando su característico skyline y reduciendo notablemente la visibilidad. Este fenómeno otorgó a A Coruña un ritmo más pausado y una atmósfera misteriosa, en línea con la naturaleza cambiante de la primavera gallega.
Las previsiones meteorológicas para el resto del día apuntan a una mejora progresiva, con alternancia de nubes y claros y sin precipitaciones. Esta variabilidad es característica de la estación, que sigue ofreciendo una mezcla de lluvia, color y bruma sobre la ciudad atlántica.




