Inundaciones devastadoras en Viana do Bolo: "Parece el fin del mundo"

Una riada arrasó viviendas, carreteras y explotaciones en varias aldeas del municipio ourensano, dejando un paisaje de ruina total y obligando a los vecinos a pedir ayuda urgente.

Imagen genérica de devastación por inundación en una aldea gallega.
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Imagen genérica de devastación por inundación en una aldea gallega.

Decenas de familias en varias aldeas de Viana do Bolo, Ourense, claman ayuda urgente tras una riada que se desató el miércoles por la tarde, transformando pequeños arroyos en torrentes que arrasaron viviendas, cobertizos, vehículos y el trabajo de toda una vida.

La zona cero del desastre, A Bouza, vivió escenas de caos cuando los arroyos se convirtieron en torrentes violentos. Los vecinos tuvieron que subirse a los techos de los coches para evitar ser arrastrados por el lodo, piedras y árboles. "Fue cuestión de diez minutos; eso fue lo que nos salvó, si no, nos lleva por delante y habría una desgracia mayor", relataba un residente ante las ruinas del horno comunal, comparando la situación con "Valencia, pero en lugar de lodo tenemos piedras".
La impotencia domina entre los residentes ante la devastación. "No hay dinero para vivir en un hotel", señalaban mientras clamaban por agua y luz, ya que las viviendas quedaron sin suministros. La solidaridad vecinal, ya forjada durante los incendios, se reactivó para abrir accesos y retirar el barro.

Parece el fin del mundo

Los habitantes describen la tragedia como "la crónica de una muerte anunciada". Un frente torrencial con más de 6.000 rayos en Galicia y picos de 20 litros por metro cuadrado en una hora desató avalanchas. Las aldeas más afectadas son las mismas que ya sufrieron incendios en agosto, donde la falta de vegetación facilitó el descenso violento del agua. "Esto parece el fin del mundo otra vez", comentaba un residente.
La trabajadora forestal Susana Giris relató su miedo tras quedar aislada más de una hora bajo una "masa negra" de barro en O Testeiro, afirmando que "llevo desde 1990 en el monte y he visto tormentas e incendios, pero como esto nunca".
En Pradocabalos, la fuerza del agua convirtió carreteras en cauces improvisados con troncos y piedras. La carretera OU-533 tuvo que ser cortada, actuando paradójicamente como dique y evitando que el pueblo fuera completamente arrasado. Una vivienda tuvo que ser evacuada al superar el nivel del agua los dos metros.
En Pixeiros, los residentes se sentían "atrapados" mientras la corriente golpeaba fachadas y destruía todo a su paso. En O Castro, los arrastres afectaron fincas y provocaron la caída del tendido eléctrico. También hubo daños en Vilaseco da Serra, con taludes que afectaron carreteras.
El alcalde de Viana, Germán García-Ávila, considera pedir la declaración de zona catastrófica y el despliegue de la UME. Mientras, los vecinos intentan asimilar cómo la riada alteró en pocos minutos un modo de vida construido durante años.