El paisaje de Valdeorras se transforma con la llegada de trabajadores temporales, muchos de ellos procedentes de fuera de la comarca, para participar en la recogida de la uva. Esta campaña, que suele durar entre mes y medio, se concentra en algunas bodegas en apenas unas semanas, dependiendo del volumen de producción y de la organización interna de cada empresa.
El perfil del trabajador de la vendimia ha experimentado un cambio notable en los últimos años. Desde hace aproximadamente seis campañas, es habitual que las cuadrillas sean proporcionadas por empresas subcontratadas, encargadas de gestionar y aportar el personal necesario. Esta práctica responde a la dificultad para encontrar mano de obra local en una zona donde el sector vitivinícola es un pilar económico fundamental.
Desde el sector explican que este modelo de subcontratación permite contar con personal experimentado y con un ritmo de trabajo ágil. "Toda la uva que entra en bodega está segura, por lo que cuanto antes entre, mejor. Si la uva puede estar en 4 días en bodega mejor que en 7", señalan, subrayando la importancia de la rapidez en la vendimia para garantizar la calidad del producto.
La bodega Barón do Sil, por ejemplo, confía en cuadrillas contratadas a través de empresas externas, con un sistema de pago basado en el volumen de uva recogido, una tónica general en este tipo de colaboraciones.
En Godeval, el personal fijo se encarga de la logística, mientras que para la recogida se recurre a trabajadores de países como Marruecos, Perú y otras naciones sudamericanas. Su campaña comenzará próximamente y está prevista que dure unas tres semanas.
La bodega Joaquín Rebolledo, situada en A Rúa, también empleará a trabajadores extranjeros contratados vía subcontrata, previendo la llegada de unos 30 a 40 temporeros. El sistema de pago también se vincula a la cantidad de uva recogida.
La Cooperativa Jesús Nazareno (Vinos Barco) es una de las pocas que mantiene personal propio, complementando con refuerzos puntuales dada la ausencia de viñedos propios. Su campaña iniciará la próxima semana y se extenderá por tres semanas.
Desde la D.O. Valdeorras, Jorge Mazaira destaca que la contratación de estas cuadrillas es ya una práctica habitual y que las bodegas muestran satisfacción con el sistema. "Funciona muy bien, la gente está muy contenta con este tipo de empresas. Es la tónica general desde hace años", afirma.
Este cambio también se debe a las dificultades actuales para encontrar ayuda entre familiares y conocidos, como se hacía antiguamente. El envejecimiento de la población y la complejidad para compatibilizar la vendimia con otros empleos, sumado a normativas laborales más estrictas, reducen esta posibilidad.
Los temporeros se alojan en pisos, pensiones y otras viviendas disponibles en los municipios de la comarca. Las inspecciones laborales se intensifican durante estas semanas de alta actividad para garantizar que las condiciones de alojamiento sean adecuadas.




