El fútbol femenino gallego pisa fuerte: historias de lucha y pasión

Jugadoras de Lugo compaginan entrenamientos y trabajos mientras sueñan con la igualdad en el deporte

Imagen genérica de un balón de fútbol sobre hierba
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Imagen genérica de un balón de fútbol sobre hierba

Las mujeres futbolistas en Lugo demuestran un talento y una pasión innegables, pero se enfrentan a una realidad marcada por la brecha salarial y la falta de patrocinio, compaginando el deporte con su vida laboral y de estudios.

El mundo del fútbol, tradicionalmente dominado por los hombres, está siendo transformado por la pasión y el talento de las mujeres. En Lugo, jugadoras de diversas categorías luchan por hacerse un hueco y alcanzar la igualdad en un deporte que aún presenta importantes desafíos económicos y de reconocimiento mediático.
Equipos como el Peluquería Mixta Friol en la tercera división de fútbol de campo, y los equipos de fútbol sala de Castro y Burela, que compitieron en primera división, son referentes para muchas niñas. Estas jugadoras no solo elevan el orgullo lucense con sus goles, sino que también inspiran a nuevas generaciones, que miran a figuras como Aitana Bonmatí con tanta admiración como a sus ídolos masculinos.
A pesar de los avances, la igualdad real en el fútbol femenino aún está lejos. La brecha salarial entre hombres y mujeres es considerable, lo que obliga a muchas jugadoras a compaginar los entrenamientos y partidos con su trabajo o estudios. La falta de patrocinio suficiente y de una proyección que atraiga inversiones son obstáculos clave para que las mujeres puedan vivir exclusivamente del fútbol.
Alba López Testa, portera del Vilalba Fútbol Sala, es un ejemplo de esta dedicación. Nacida en A Fonsagrada, tuvo que superar la falta de equipos femeninos en su localidad, jugando con sus primos y desplazándose largas distancias para entrenar y competir. Su trayectoria incluye pasos por varios equipos y convocatorias con las selecciones gallega y española sub-19 y sub-21, siempre con el apoyo incondicional de su familia. Alba compagina el fútbol con el estudio del Magisterio, consciente de que el fútbol sala no permite vivir de él.
Otra jugadora que destaca es Lucía Rey Rodríguez, de once años, que juega en el Racing Vilalbés de fútbol de campo y en el FSF Castro de fútbol sala. Su madre, Tania Rodríguez París, relata los esfuerzos familiares para que pueda compaginar sus entrenamientos en diferentes localidades. A pesar de ser la única niña en su equipo de fútbol, Lucía se integra bien con sus compañeros, aunque la falta de infraestructuras como vestuarios específicos supone un inconveniente.
María José Otero, con casi 14 años, juega en dos equipos: el Racing Vilalbés de fútbol sala y el de As Pontes de fútbol de campo, ya que en Vilalba no hay equipo femenino. Su madre, María José de Vicente, describe la intensa agenda familiar para apoyar la afición de su hija y de su hermano pequeño, subrayando la necesidad de un 'plan B' para el futuro, dada el bajo porcentaje de futbolistas que pueden vivir del deporte.
Nerea Rodríguez, capitana del Peluquería Mixta Friol, también compagina el fútbol con la preparación de las oposiciones para el cuerpo de maestros. Comenzó jugando con niños en Chantada y después pasó a equipos de Ourense y Friol. Como muchas de sus compañeras, Nerea sabe que es difícil vivir del fútbol femenino y busca asegurar su futuro profesional sin renunciar a su pasión por el deporte.