El científico, originario de Ames y doctorado en la Universidad de Santiago de Compostela, lidera un grupo de seis investigadores dedicados a comprender cómo los hantavirus penetran en las células humanas. El objetivo es diseñar antivirales o anticuerpos que puedan neutralizar las proteínas virales. La incertidumbre sobre la expansión del hantavirus de los Andes ha puesto el trabajo de este equipo bajo los focos, surgiendo preguntas sobre la rapidez con la que podría alcanzarse un tratamiento, comparado con la experiencia del covid-19.
Guardado estima que, en el mejor de los casos y con una fuerte inyección económica, un tratamiento podría estar listo en "uno o dos años", teniendo en cuenta las fases de desarrollo clínico y los estudios en primates. No obstante, recalca que este plazo podría acortarse significativamente si las grandes compañías farmacéuticas mostrasen un interés comparable al que tuvieron con el coronavirus, lo que podría permitir tener una vacuna en tiempos similares a los del covid.
“"En el mejor de los casos, si se dedica mucho dinero, pueden ser uno o dos años, porque hay que hacer todo el desarrollo de la parte clínica, con estudios en primates, luego el ensayo clínico para ver si realmente funciona"
A pesar del potencial, el interés empresarial en el hantavirus de los Andes es actualmente bajo, con la excepción de la farmacéutica estadounidense Moderna, cuya plataforma de ARNm podría acelerar el desarrollo. El Pasteur, una referencia mundial, siente la presión de avanzar en estas enfermedades menos prioritarias comercialmente, tras no lograr a tiempo su vacuna contra el covid-19.
El investigador confía en que el brote detectado en el crucero MV Hondius sea contenido rápidamente gracias a las medidas de cuarentena. Recordó el grave brote de 2018 en la localidad argentina de Epuyén, donde once de 34 infectados fallecieron, y destacó que la cepa Andes, a diferencia de otras, puede transmitirse entre personas, aunque sean casos infrecuentes, y ataca el sistema respiratorio.




