Churros 'Hermanos González' y 'Lolita': Tradición familiar en Ourense

Dos churrerías con marca propia mantienen viva una herencia generacional, enfrentando retos como los sobrecostes y la burocracia.

Imagen genérica de un puesto de churros tradicional con luces de fiesta.
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Imagen genérica de un puesto de churros tradicional con luces de fiesta.

Las churrerías Hermanos González y Lolita son un referente en Ourense, representando una tradición familiar que llega a la quinta generación, a pesar de los sobrecostes y la burocracia actual.

El inconfundible aroma a masa frita y azúcar impregna las fiestas de Ourense, evocando recuerdos de infancia. Esta herencia dulce está representada hoy en la provincia por dos nombres míticos: Hermanos González y Lolita. Ambas churrerías comparten no solo el oficio, sino también un origen familiar común, forjado en las fiestas ourensanas.
Los inicios estuvieron marcados por un sacrificio extremo, como relata un histórico feriante que acaba de jubilarse. Antaño, las condiciones eran muy duras, dependiendo de estructuras de madera y realizando descargas a contrarreloj y a la intemperie, con una estricta disciplina en la limpieza.
Hoy, aunque los remolques modernos han aligerado la carga física, el calendario exige una doble vida. Durante el invierno, las churrerías se instalan en lugares fijos en la ciudad, permitiendo un horario más ordenado y atender a la clientela vecinal. Con la llegada de junio, el sector adopta un estilo de vida nómada, recorriendo ferias y verbenas.
Una persona que gestiona uno de los puestos de Hermanos González, siguiendo el legado iniciado por su bisabuelo en los años 50, explica que la temporada estival es un maratón sin apenas días libres, desde junio hasta finales de septiembre, con jornadas maratonianas.
A esta extenuante rutina se suman hoy trabas que dificultan el relevo generacional. La burocracia, con múltiples certificados técnicos que varían entre ayuntamientos, se convierte en el mayor obstáculo, mermando la rentabilidad. Además, los costes aumentan mientras el precio de la docena de churros en las fiestas se mantiene en torno a los cinco euros.

"Hoy en día hay muchos gastos y no merece la pena andar con aventuras, pero lo aprovechamos para coger un poco de impulso"

un portavoz de Hermanos González

"Cuatro euros la docena, en las fiestas cinco"

un portavoz de Lolita
A pesar de las dificultades, la pasión por el trabajo es la clave de la resistencia. Una persona jubilada aún considera volver, mientras que otro representante de Hermanos González asegura que le gusta el oficio y ve a su hijo de 15 años muy implicado, apuntando a un posible relevo generacional.