La familia de Merymar Correa llegó a la ciudad hace aproximadamente diez meses, buscando un nuevo comienzo tras vender su pequeña empresa en Venezuela. Su llegada estuvo marcada por la esperanza de encontrar rápidamente trabajo y alquiler, pero las dificultades económicas y la complejidad del mercado de alquiler en la ciudad complicaron sus planes iniciales.
Tras no conseguir trabajo y tener problemas para acceder a una vivienda digna, la familia, que ya tenía un hijo de dos años, encontró apoyo en Cáritas. Esta entidad les proporcionó una habitación e inició un itinerario de acompañamiento que incluyó formaciones para los progenitores y apoyo logopédico para el hijo mayor, que presenta problemas de habla.
“"Desde Cáritas me dicen que esté tranquila, que no hay prisa, pero nos gustaría independizarnos. Veo que ya es bastante tiempo que estuvimos con ellos. Nos dicen “es que todo es un proceso”, que mira todo el tiempo que nos tardó para que nos saliera lo del permiso de trabajo… Y que es un proceso. Aquí no se consigue un alquiler tan fácil."
A pesar de la ayuda recibida, que también incluye comida y el apoyo para que el marido de Merymar firmase un contrato laboral hace quince días, la familia desea dar el siguiente paso hacia la independencia. Aunque desde la entidad aconsejan paciencia, ellos aspiran a ahorrar para un coche, asegurar la continuidad de su hijo en el colegio actual y conseguir una plaza en la guardería para el más pequeño.
A largo plazo, sus planes incluyen traer al padre de Merymar, que se encuentra solo en Venezuela, y reunificar así a la familia, ya que los cinco hermanos se encuentran fuera de su país de origen.




