La posibilidad de convertir locales comerciales vacíos en viviendas habituales está ganando adeptos en Marín. Una vecina, que prefiere mantener el anonimato de su morada, comparte su experiencia positiva tras tres años viviendo en un bajo familiar adaptado. Asegura que la calidad de vida es alta y que la inversión resulta muy rentable.
El inmueble, que pertenecía a la familia y estaba en bruto, se encontraba en una localización estratégica. Ante las dificultades para adquirir una vivienda tradicional, la decisión de convertirlo en su hogar fue firme. "Si cuentas con un local que puedas arreglar, la inversión merece mucho la pena", afirma esta residente.
La ayuda de un arquitecto de confianza fue clave en el proceso. "Él hizo magia", describe la vecina, quien relata cómo un espacio diáfano y vacío se convirtió en una vivienda "estupenda, cómoda, superactual" de dos habitaciones, aprovechando al máximo cada rincón y beneficiándose de la luz natural.
El proceso de tramitación en el Concello de Marín fue sorprendentemente sencillo. "Nos esperábamos muchos problemas, y para nada. En el Concello todo el mundo fue muy amable y nos ayudó con el papeleo", señala. Tras obtener los permisos, una empresa local se encargó de la obra, completando la transformación en pocos meses.
A pesar de que los costes de adaptación son considerables, la comparativa con el precio de un piso de características similares en la misma zona es favorable. "Si lo comparas con comprar un piso de esas mismas características en el mismo municipio... no llega ni a la mitad de precio", concluye, lamentando que no más gente aproveche los numerosos locales vacíos disponibles.




