La Villa del Tea recibió a miles de personas procedentes de los municipios del área viguesa, de otros puntos de Galicia y también de Portugal, ansiosas por contemplar estas obras efímeras. La tradición, que ya cuenta con más de tres décadas de hermandad con la localidad tinerfeña de La Orotava, sumó este año la presencia de los ‘Tapeteros’ de Uriangato, en México, elevando el total a 35 alfombras.
La jornada transcurrió con normalidad, sin grandes atascos ni aglomeraciones en las calles engalanadas. Los asistentes pudieron disfrutar de las alfombras bajo el sol para luego llenar terrazas, cafeterías y restaurantes, especialmente en la hora punta. Los visitantes portugueses destacaron por su numerosa presencia, y muchos de ellos, como Joao y Mariela, expresaron su encanto por la belleza y el minucioso trabajo de los alfombristas. También hubo quien se desplazó desde León, como Inés, Laura y Dani, impresionados por el resultado final y el esfuerzo de los creadores.
La comitiva de visitantes incluyó también gente con acento mexicano, acompañando a la delegación de Uriangato, y emigrantes ponteareanos residentes en Suiza, que regresan cada año para celebrar el Corpus y combatir la 'morriña'. La admiración por las alfombras era palpable, aunque también existía la pena por su naturaleza efímera, ya que se convierten en un amasijo de pétalos y hojas tras el paso de los devotos.
Para eso se hacen las alfombras
Esta frase, explicada por dos alfombristas a un grupo de visitantes de Vigo, resume la esencia del arte efímero que los creadores de Ponteareas dedican cada año al Santísimo con gran orgullo, convirtiendo la festividad en un referente cultural y turístico.




