Con Javier Saavedra, natural de Rianxo y director desde hace casi 30 años, al frente, Los Satélites, originaria de 1939, continúan su andadura en los escenarios gallegos. Saavedra describe la dirección de la formación como "un trabajo constante de evolución, dedicación, de adaptarse a los tiempos y al público", un esfuerzo por mantener viva la esencia de la música en directo.
Mientras la industria musical avanza hacia lo digital, Los Satélites apuesta por la potencia acústica de una formación con tres trompetas, dos trombones y tres saxos. Según Saavedra, este despliegue les confiere "un puntito de exclusividad", ya que las canciones actuales en la radio raramente incluyen secciones de metal.
“"Hay familias que no se ven en todo el año y la única excusa que tienen para regresar a su pueblo y poder verse es porque es la fiesta del pueblo."
Las verbenas, lejos de ser solo una noche de baile, son para Los Satélites un motor cultural que revitaliza pequeñas localidades. Saavedra relata con emoción cómo aldeas con pocos habitantes, especialmente en Ourense, multiplican su población durante las fiestas patronales, siendo la verbena la única excusa para reuniones familiares anuales. Un estudio de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) señala que el 80% de los gallegos asisten a ver orquestas al menos una vez al año.
La clave para atraer a un público diverso, desde aficionados al trap hasta parejas que buscan pasodobles, reside en un repertorio de cinco horas que se adapta al momento de la noche. Para conectar con el público más joven, Los Satélites versionan éxitos actuales, adaptándolos a su estilo, ya sea cumbia u otras propuestas, sin perder la "calidad musical y el sonido característico" que los define.
“"Yo dejo de tocar tres días el trombón y cuando vuelvo, a la media hora, el labio se resiente."
Detrás del brillo de los trajes y la iluminación moderna, se esconde un régimen de entrenamiento físico y sacrificio personal comparable al de un deportista de élite. Saavedra describe la dureza del oficio, donde el labio se resiente tras pocos días sin tocar y donde se trabaja cuando la mayoría celebra eventos familiares. La vida laboral se concentra en los meses de verano, jugándose el sueldo anual.
Como empresa de 25 personas, la orquesta se enfrenta a la necesidad de "llenar la nevera" cada noche. Tras la pandemia, que afectó gravemente al sector, Saavedra mira al futuro con cautela, temiendo que los costes laborales favorezcan a formaciones más pequeñas. No obstante, mientras el telón se siga abriendo, buscará la conexión con el público, disfrutando de la respuesta de la gente y adaptándose a cada momento.




