La comunidad gallega experimentó un verano sin precedentes, con una temperatura media que superó los valores habituales y dejó registros climáticos notables. La ola de calor tuvo uno de sus puntos álgidos en el interior de Ourense, donde Ribadavia alcanzó los 43 ºC el 18 de agosto, un valor considerado efeméride para ese mes por la estación meteorológica. En contraste, Lugo/Aeropuerto registró una mínima de 3,2 ºC el 5 de junio, la más baja del trimestre entre las estaciones principales de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).
Las precipitaciones también mostraron una distribución irregular. Mientras que el verano fue generalmente seco en España, con apenas el 56% de la lluvia normal, Galicia experimentó episodios de lluvia intensa. Santiago registró 51,8 litros por metro cuadrado en una sola jornada de julio, la mayor precipitación diaria de ese mes entre las estaciones principales de la Aemet. Este episodio se produce en un contexto de verano prolongado, con condiciones estivales que se extendieron desde mediados de mayo hasta septiembre.
La Aemet señala que la temperatura media entre junio y agosto en la España peninsular fue de 24,5 ºC, 2,4 grados por encima de la media de 1991-2020, y el verano más cálido desde el inicio de la serie oficial en 1961. La reconstrucción climática amplía esta perspectiva, indicando que no se encontraba un verano más cálido desde, al menos, 1869.
Los episodios tormentosos de agosto cambiaron el signo del mes, que fue húmedo en general. La distribución de las lluvias fue muy desigual, siendo junio y julio los meses más secos de la serie histórica en España. La previsión para el otoño también apunta a temperaturas superiores a las normales en la mayor parte del país, con una probabilidad del 70% de que el noroeste peninsular supere las precipitaciones habituales.




