La intervención del Ejército para asegurar la producción de pan puede parecer inusual hoy en día, pero hace más de un siglo, en 1918, fue una medida crucial para la ciudad de Lugo. La situación surgió cuando una huelga general amenazaba con paralizar el suministro de este producto esencial, llevando al Ayuntamiento a buscar soluciones urgentes.
Según recogió El Progreso el 6 de diciembre de 1918, ocho soldados, algunos de ellos panaderos y otros expertos en manejo de masa, llegaron a Lugo. Bajo la supervisión de un maestro hornero, se pusieron a trabajar en el horno municipal, que en aquel entonces era el encargado de cocer el pan para toda la población. Esta acción fue el resultado de una petición del alcalde al gobernador militar, después de que los intentos de convencer a los panaderos locales de no secundar el paro resultaran infructuosos.
“"Realizaron las hornadas suficientes para abastecer el pueblo."
La iniciativa no fue bien recibida por el Centro Obrero, que intentó sin éxito que el horno municipal no operase. Sin embargo, el alcalde se mantuvo firme en su decisión de garantizar el pan para todos los lucenses, anunciando que habría "pan de sobra en el pueblo, hecho por la panadería del Ayuntamiento y por los soldados de la Intendencia". El trabajo de los soldados coruñeses y de algunos voluntarios lucenses aseguró que el pan llegara a quienes lo solicitaban, siendo estos últimos recompensados por su valioso auxilio.
La huelga general, convocada el 4 y 5 de diciembre de 1918 por el Centro Obrero de Lugo, tenía sus raíces en la escasez de alimentos. Esta situación era consecuencia de la compra masiva por parte de acaparadores que exportaban productos básicos a los países implicados en la Primera Guerra Mundial, que había terminado un mes antes. La Cámara de Comercio de Lugo, el 2 de diciembre de 1918, acordó medidas para abaratar el mercado y combatir la falta de subsistencias, incluyendo la prohibición de exportar patatas, castañas, huevos y tocino en varias localidades de la provincia, como Outeiro de Rei, Begonte, Trasparga, Viveiro, Cospeito, Castro de Rei, Pol, Castroverde, O Corgo, Láncara, O Páramo, Sarria, Portomarín, Guntín, Friol y la propia Lugo.
Además, se solicitó la eliminación de tasas en los mercados para facilitar la venta a los agricultores y prohibir a los acaparadores la compra de artículos de primera necesidad antes de la una de la tarde. El Ayuntamiento de Lugo también estableció límites en la venta de castañas y patatas, mientras que los huevos, a pesar de venderse a 2 pesetas en los puestos municipales de la Plaza de Abastos, eran a menudo adquiridos por acaparadores en A Ponte y Garabolos para ser exportados. La tensión social llegó a provocar un motín contra el comercio de José Delgado, que resultó en heridos después de que los guardias dispersaran a los manifestantes en Santo Domingo.




