El sector ganadero gallego se enfrenta a un problema cada vez más acuciante: la falta de veterinarios rurales. Estos profesionales son esenciales no solo para atender emergencias como partos complicados o enfermedades de animales, sino también para garantizar el bienestar animal, la rentabilidad de las explotaciones y la seguridad alimentaria. La situación, aunque no de colapso total, genera inquietud por el futuro, ya que los veterinarios actuales envejecen y los más jóvenes no suelen elegir este camino.
La Organización Colegial Veterinaria ya ha trasladado esta preocupación a la Federación de Veterinarios Europeos, alertando de las consecuencias de esta carencia en España. En Galicia, el diagnóstico es claro. José María Sanz Piñeiro, de Animalvet, califica la veterinaria de campo como "una profesión dura y muy vocacional", confirmando la existencia de un "problema real de falta de veterinarios".
“"Si nos fallan, no tenemos sustitución. No hay relevo ni para una situación puntual ni para continuar aquí."
Soraya Fernández, ganadera de una explotación de carne con más de 160 animales en A Fonsagrada, vive esta realidad de cerca. En su zona, los dos veterinarios clínicos disponibles están cerca de la jubilación. "Cuando uno estuvo de baja, el otro asumió el trabajo de dos. Ya no es poco hacer el trabajo de uno como para hacer el de dos", explica, subrayando la falta de alternativas ante cualquier eventualidad.
Aunque Galicia es una comunidad eminentemente ganadera y Lugo cuenta con una Facultad de Veterinaria, la falta de profesionales orientados al medio rural es una paradoja. Fernández sugiere que la causa puede ser la falta de conocimiento sobre esta salida laboral entre los jóvenes. "Tienen que venir, conocernos, ver cómo se trabaja y cómo se vive aquí", afirma, coincidiendo con Sanz Piñeiro en que el rural "no ha tenido buena prensa".
Desde el sector de A Fonsagrada, en colaboración con la ADS de la zona, ya se han iniciado contactos con distintas administraciones para buscar soluciones. También se han propuesto prácticas con veterinarios locales para que los alumnos de la facultad conozcan el trabajo real, una iniciativa que ya ha dado frutos: "Los que vinieron, se quedaron", señala Fernández.
Mientras tanto, muchos titulados optan por trabajar con perros, gatos y clínicas urbanas, lo que agrava la falta de profesionales especializados en grandes animales, según Sanz Piñeiro. Las urgencias más comunes en las explotaciones de carne son los partos y las neumonías, y las esperas pueden ser largas si no hay disponibilidad.
Esta problemática se suma a un contexto ya difícil para muchas granjas, marcado por los precios, la rentabilidad, las exigencias normativas y la dificultad para asegurar la continuidad familiar. "Es un problema grave. No sabemos cómo afrontarlo y estamos tocando todas las puertas", lamenta Fernández.
Sanz Piñeiro añade que, aunque la atención sanitaria está garantizada, la profesión exige disponibilidad y especialización. La conciliación también es un factor clave, ya que las guardias continuas dificultan atraer gente joven. Su propio trabajo implica desplazamientos de "perfectamente entre 200 y 300 kilómetros" en un día normal, además de trabajo al aire libre y una disponibilidad que condiciona la vida personal.
El veterinario también destaca la complejidad de tomar decisiones que equilibren el coste del tratamiento con el valor del animal y la rentabilidad del ganadero. Además, subraya el papel de los veterinarios rurales como "la primera barrera" para garantizar la seguridad alimentaria de los productos derivados de la ganadería.
Aunque la escasez de veterinarios no es la principal causa del cierre de explotaciones –Sanz Piñeiro apunta en un 90% de los casos a la falta de relevo generacional en las familias ganaderas–, la pérdida de asistencia veterinaria cercana añadiría una dificultad más a un sector ya "al límite". Fernández concluye con una reflexión sobre la importancia del rural para la identidad de Galicia: "Si nos quitan el rural, nos quitan todo".




