La presencia de visitantes que llegan por mar se ha convertido en una constante en el paisaje urbano de A Coruña. Es habitual observar grupos de turistas recorriendo las zonas comerciales más céntricas, lo que altera el ritmo habitual de los establecimientos y de los espacios públicos más concurridos.
Esta realidad no es exclusiva de la ciudad herculina. En otros puntos de Galicia, como Santiago de Compostela o Ferrol, la gestión de los flujos turísticos también se encuentra en el centro de la actualidad, especialmente cuando se producen incidencias sanitarias en buques que obligan a modificar las escalas previstas.
La relación entre el residente fijo y el turista de paso se mantiene en un equilibrio que, aunque genera ciertas molestias puntuales en los mercados de abastos o zonas de ocio, es percibido como un fenómeno tolerable dentro de la actividad económica actual.




