La ciudad de A Coruña se vistió de gala para despedir a su escuadra, el Deportivo, de Segunda División en una jornada que se convirtió en una auténtica fiesta del deportivismo. Tras casi una década alejado de la élite, el club coruñés selló su regreso a la máxima categoría del fútbol español, desatando una marea de emoción y orgullo entre sus seguidores.
Desde primera hora de la mañana, las calles de la ciudad, especialmente la calle San Juan y la fan zone de Riazor, se convirtieron en un río de gente teñida de blanco y azul. Cánticos, música y banderas acompañaron a la comitiva que partió desde el Campo da Leña hasta el estadio, en un desfile que simbolizó la pasión y la resistencia de una afición que nunca dejó de creer.
La fiesta previa al partido contra Las Palmas, ya sin trascendencia clasificatoria pero cargada de simbolismo, se extendió durante horas. La música de The Rapants en la fan zone y la atmósfera de celebración crearon un ambiente inolvidable, anticipando lo que sería una jornada de pura emoción deportivista.
La recepción a los jugadores en Riazor fue apoteósica. Aclamados como héroes, los futbolistas del Deportivo desfilaron ante una multitud que coreaba sus nombres, conscientes de que estaban viviendo un momento histórico. A pesar de que los canarios también se jugaban sus intereses, el protagonismo fue íntegramente para la parroquia herculina, que celebró el fin de una travesía que parecía interminable.
Este ascenso no es solo un logro deportivo, sino la confirmación de la fuerza de una ciudad y una afición que demostraron su músculo y su lealtad. La próxima temporada, el Deportivo volverá a sonar fuerte en Primera División, y la ciudad de A Coruña ya se prepara para vivir nuevas jornadas de gloria.




