A pocas horas del decisivo partido entre el Valladolid y el Deportivo, la expectación es máxima en las calles de A Coruña. La ciudad se engalana con equipaciones del club y banderas en edificios y comercios, reflejando la ilusión de una afición que anhela el ascenso. "Miras para cualquier lado de la ciudad y no ves otra cosa que banderas, camisetas... Esperemos que esa ilusión se traduzca en un ascenso que merecemos, es donde nuestro equipo tiene que estar", comenta un vecino.
En las plazas y mercados, el fervor por el equipo se deja notar. A pesar del nerviosismo que precede al encuentro, muchos vecinos confían en las posibilidades del equipo. "Con muchas ganas de que el Dépor nos vuelva a dar una alegría y vuelva a primera. Lo veo factible, a ver si mañana se concentran", declara un residente, quien también señala el impacto positivo que tendría el ascenso en el turismo y en el nivel de vida de la ciudad.
La concentración del equipo es vista como un factor clave para el resultado. "Creo que si salen concentrados, van a poder sacar adelante el partido y resolver la temporada", opina otro coruñés. Aunque el sentimiento es de esperanza, también hay una dosis de cautela debida a experiencias pasadas. "Somos bastante gafe, pero bueno, malo será", comparte una vecina con cierto humor.
A pesar de que la ciudad también acogió otras manifestaciones de interés, como la protesta del comercio textil, el foco principal sigue estando en el fútbol. La posibilidad de celebrar el ascenso en casa genera una gran ilusión, aunque también cierto temor a sufrir hasta el último momento. "Tenemos que ganar uno. Tengo esperanzas, quiero tenerlas, pero espero que no nos hagan sufrir la última jornada", comenta una aficionada.
La plaza de María Pita también se hace eco de la expectación, con curiosos acercándose a un tablero de ajedrez gigante mientras esperan el día definitivo. "Tengo muchísima esperanza de que ganen, y en Valladolid. Me hubiera gustado más que fuera en A Coruña, pero bueno", apunta un vecino, quien no descarta celebrar una posible victoria con una copa de champán. El nerviosismo es palpable, y la posibilidad de ascender o no ascender está presente en el sentir popular.
Aunque el resultado final es incierto, la voluntad de luchar y sufrir se conjuga con el deseo de victoria. "Vamos a hacer algo bueno, algo bueno va a salir de ahí. Vamos a sufrir, seguro, como sufrimos en todos los partidos, pero mientras salga bien...", comenta otro residente que se dispondrá a ver el partido en un bar tradicional. La tensión es tal que se compara con "cortarla con un cuchillo".




