Según la tradición literaria más antigua, Teucro llegó por mar a Pontevedra, fundando la ciudad. En la Edad Media, su puerto en A Moureira era un punto clave para el comercio con Flandes e Inglaterra, impulsado por los Mareantes, cuya influencia aún perdura en las tradiciones urbanas.
La ciudad se expandió desde el estuario de su río Lérez, que fluye lento y amplio para formar la Ría. Las crónicas de Plumbio sugieren que la romana Póntis Véteris era un cruce de caminos costeros de las Rías Baixas, lo que la consolidó como su capital y la ciudad del Lérez.
Pontevedra es una urbe encantadora que recuperó su vocación peatonal. Tras una etapa de decadencia marinera, la ciudad renació gracias a su arquitectura de piedra. Sus templos, pazos señoriales, fuentes y calles reflejan la maestría de los canteros anónimos. Además, cada rincón de la ciudad ofrece plazas, jardines o alamedas, permitiendo a los viandantes disfrutar de un ambiente saludable y huir del hormigón de la ciudad nueva.
Pontevedra es una urbe encantadora y recuperó su vocación peatonal. Tuvo siete puertas y, tras su decadencia marinera, creció de piedra.




